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486 Años de la Confesión de Augsburgo

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486 Años de la Confesión de Augsburgo – Confesión y Escritura juntos para beneficio de su iglesia.

Mientras se acerca la celebración de los 500 años de la Reforma Luterana el 25 de junio se recuerdan los 486 años de la presentación de la Confesión de Augsburgo.

La ciudad en verdad era conocida para los “luteranos” porque el Reformador se había encontrado con el emisario del papa, el cardenal Cayetano. Éste último debía convencer a Lutero a que se retractase, pero en cambio tuvo una dura discusión porque el monje respondía: No puedo retratarme, no puedo negar las Escrituras. Furioso, Cayetano se levantó y exclamó: Retírate, y no vuelvas a mi presencia, a menos de que quieras retractarte. Fue el mismo Cayetano quién reconoció que las ideas de Lutero lo tenían acorralado al confesar: No quiero dialogar más con esa fiera. Él tiene ojos profundos e ideas fantásticas le llenan la cabeza.

El convencimiento de Lutero no estaba en que su confesión era sino solamente la verdad de la Escritura y que estaba en concordancia con los Padres de la iglesia. No había en su cabeza una división entre confesión y Escritura. Lo mismo fue entendido por el príncipe Federico, que se negó a que fuera a Roma: A no ser que Lutero pueda ser convencido de herejía.

El camino de la reforma fue marcado por otras varias situaciones que no eran presentadas como meras discusiones, sino como la unidad entre Confesión y Escritura.

Fue el mismo Lutero quién, en la Dieta de Worms, confesó su fe el 18 de abril de 1521, frente a 6 electores, 28 duques, 11 margraves, 30 obispos, 200 otros estadistas y 5.000 espectadores, en el gran recinto de la dieta. De manera humilde pero sin timidez dijo: "Si no se me convence mediante testimonios de la Escritura y claros argumentos de la razón - porque no le creo ni al papa ni a los concilios ya que está demostrado que a menudo han errado, contradiciéndose a si mismos -, por los textos de la Sagrada Escritura que he citado, estoy sometido a mi conciencia y ligado a la palabra de Dios. Por eso no puedo ni quiero retractarme de nada, porque hacer algo en contra de la conciencia no es seguro ni saludable. ¡Dios me ayude, amén!"

El otro evento importante antes de la presentación de la Confesión de Augburgo fue la Dieta de Espira (1526) en dónde vemos a laicos con el mismo entendimiento que Lutero y sus compañeros. Los príncipes evangélicos alemanes también veían una unidad entre confesión y Escritura; por lo que protestaron y dijeron que preferían morir que negar la verdad, de ahí el nombre de protestantes. El emperador, acechado por los Turcos que buscaban que el Islam domine el continente, tuvo que ceder, mientras la confesión luterana se consolidaba como restauradora de la Iglesia.

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El contexto de aquel primer 25 de junio estaba marcado por la necesidad del emperador Carlos V de tener unidad política, por lo que tomó un tono conciliador que buscaba sanar el cisma religioso. Les fue encargado a los teólogos de la Reforma la elaboración de una síntesis clara y breve de las doctrinas fundamentales. Melanchton, Espalatino, Justo Jonas, Bugenhagen y Agrícola pusieron manos a la obra. Melanchton escribió la Confesión de Augsburgo. En esto se valió de los artículos de Lutero, elaborados en Torgau, Marbach y Schwabach. Los teólogos luteranos llegaron a Augsburgo en Abril de 1530. En cuanto los príncipes luteranos esperaban por la venida del emperador, Melanchton mandó la Confesión para que Lutero la examinase. Lutero respondió: Leí la apología de Felipe. No tengo nada que agregar o modificar. Yo no consigo escribir de forma tan gentil. Quiera el Señor bendecir esto para que traiga muchos frutos. Antes de la Dieta hubo procesiones y misas que no fueron acompañadas por los príncipes alemanes quiénes no se arrodillaron ante el mensajero apostólico. A pesar de esto hubo tal presión de Carlos V para que los protestantes participaran, que el Margrave de Brandenburg no pudo quedarse en silencio, se levantó y dijo: yo prefiero arrodillarme delante de su majestad y tener mi cabeza cortada, que negar a mi Dios. El emperador entonces quiso que le fuera entregada una copia de la Confesión de Augsburgo pero los protestantes insistieron en que fuera leída. La cercanía de los turcos ayudó a que el emperador apoyase la petición. Previo a la lectura el día 25 de junio de 1530, Melanchton trató de que los príncipes no firmaran la confesión para evitar un enojo aún mayor de parte del emperador, pero el Elector de Sajonia dijo: Dios prohíbe que usted me excluya. Yo estoy decidido hacer lo que es derecho y no estoy preocupado por mi corona. Yo quiero confesar a mi Señor. Mi emblema y mi oficio dejaré atrás, pero mi Maestro en la cruz me acompañará al cielo. Pero no todo estaba dicho, por la tarde de aquel día, el emperador quiso que la Confesión fuera leída en Latín, pero los príncipes se opusieron alegando que estaban en territorio alemán. Las ventanas fueron abiertas para el pueblo que estaba esperando pudiera escuchar. La lectura comenzó por parte del canciller del Elector, quién se colocó delante del emperador y leyó la Confesión en voz muy alta y en forma pausada. La lectura duró dos horas. El emperador quedo impresionado. Tomó para sí la copia en la lengua latina y entregó la copia alemana para ser guardada en los archivos reales. Carlos V había escuchado a Lutero y ahora tenía en sus manos lo que había tratado de erradicar a toda costa. Después de la lectura, el Duque católico William de Baviera preguntó al Dr. Eck, que escribiría más tarde la Confutación a la Confesión de Augsburgo: ¿Usted puede refutar esta doctrina? Eck replicó: Con los padres de la Iglesia sí, con la Biblia no. El Margrave respondió: ¡Entonces los luteranos están dentro de la Biblia y nosotros fuera de ella!

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Hoy, 25 de junio de 2016, los luteranos del mundo entero celebramos los 486 años desde la presentación de la Confesión de Augsburgo.Y También recordamos hoy los 436 años de la presentación del Libro de Concordia en 1580 que contiene las Confesiones Luteranas.

Muchas cosas han pasado desde aquellos años. Hoy la mayoría de las Iglesias Luteranas, y muchas otras no luteranas, aceptan la Confesión de Augsburgo.

Confesión y Escritura estuvieron y están ligadas para los luteranos confesionales, no hay división, una y otra van de la mano.

Negar la Confesión es negar las Escrituras en las cuales ésta está fundada. Negar la confesión también, puede significar el intentar ocupar un lugar de juicio de los que, laicos y pastores, arriesgaron sus propias vidas por defenderla. Pero también olvidar que no hay Confesión sin Escritura divina, como expresaron los confesores: De acuerdo con el edicto, hemos deseado entregar los susodichos artículos, haciendo constar cuás es nuestra confesión y nuestra doctrina. Si alguien encontrara que falta algo en ellos, estamos listos para dar más información con base en la Sagrada Escritura divina.

Adherir sin confesar está siendo la práctica de muchos luteranos que no quieren lucir tan radicales. Prefieren quedarse sólo en las afirmaciones generales de la Reforma y no asumir la radicalidad, la de condenar de los errores y el pecado y defender la verdad. Y en última instancia significa negar las mismas Escrituras. Muéstrame tu confesión y entenderé que crees de la Palabra de Dios, no hay por tanto “Palabra sin confesión”.

Vivimos tiempos de lucha, se acerca la celebración de los 500 años de la Reforma, lo que nos debe animar aún más a que busquemos mantener la verdad clara y pura, porque solamente en la verdad puede haber plena libertad, esperanza y consuelo en Cristo por quién tenemos vida eterna.

Las Confesiones nos animan a perseverar en el estudio del fundamento de nuestra fe, las Escrituras, pero también a declarar la verdad de Dios para la salvación y el consuelo del mundo perdido y condenado por el pecado, por la ilusión del materialismo y por las doctrinas adornadas con pensamientos de seres humanos, que endulzan los oídos, pero que condenan al alma.

Recordar y renovar el espíritu de los confesores significa que pastores y laicos trabajemos unidos para preservar las Escrituras, recordar y proclamar el Evangelio. Cuando Lutero se enteró, de que se había leído la Confesión, escribió al Elector: Por esta lectura de la Confesión en la presencia de toda la Dieta, el Evangelio fue predicado más que por diez doctores. La Palabra de Dios no puede ser aprisionada. Ellos la prohibían en los púlpitos y fueron obligados a oírla en ese lugar. Que la siembra del Evangelio de Cristo siga siendo nuestra principal preocupación, con arrepentimiento, humildad, claridad y valentía.

Rev. Cristian E. Rautenberg, Presidente ( Junio de 2015)

justificadosSello Reforma 500 aos

Materiales Usados: Instituto Bíblico Luterano, 478° Años de la Confesión de Augburgo, Valparaíso, 2008. Libro de Concordia, CPH, San Luis, 1989.

 


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